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Manuel de Jesus Lopez Cabaco

Escritor
Costa Esuri (Ayamonte)

Orígenes y primeros años en Isla Cristina Manuel de Jesús López Cabaco nació el 4 de marzo de 1957 en la localidad de Isla Cristina (Huelva). Es hijo de Américo de Jesús Cabaco (1923-2021), natural de Tavira (Portugal) y agricultor de profesión, y de Carmen López Gago (1928-2002), también nacida en Isla Cristina. La vida de su madre estuvo marcada por el exilio; tras el fusilamiento de su padre republicano en 1936, se vio obligada a refugiarse en Portugal a la temprana edad de ocho años, país donde cursó y completó sus estudios de magisterio antes de regresar. Manuel creció en el seno de esta familia junto a sus dos hermanas, Bella del Rosario (1950-2025) y María de los Ángeles (1959-2024). Desde su infancia, Manuel demostró ser un estudiante brillante y aventajado, aunque durante la adolescencia atravesó una etapa de natural rebeldía. Debido a la ausencia de centros de educación secundaria tanto en su localidad natal como en los municipios cercanos, se vio obligado a cursar el examen de Ingreso y los dos primeros años de Bachillerato en modalidad de enseñanza libre desde su propio pueblo. Fue durante estos primeros compases de segundo y tercer curso de Bachillerato cuando comenzó a explorar su faceta literaria, componiendo sus primeros poemas dedicados al amor y al desamor, una afición que iría abandonando paulatinamente conforme avanzaba la adolescencia. Para continuar su formación en el tercer curso, se trasladó a Huelva bajo el régimen de internado en el Colegio Menor Santa María de la Rábida. Posteriormente, regresó a Isla Cristina, donde tuvo el honor de formar parte de la primera promoción del Curso de Orientación Universitaria (COU) en el recién creado Instituto de Bachillerato Padre J. Mirabent de su pueblo. Aquel año académico de COU supuso un punto de inflexión en su vida debido a un inesperado revés escolar: un suspenso en la asignatura de Química en las convocatorias de junio y septiembre. Manuel logró finalmente aprobar la materia en la prueba extraordinaria de febrero de 1976, no sin antes realizar una firme promesa a su profesor, un militar mutilado de la guerra franquista, a quien aseguró que no ingresaría en la universidad y que se limitaría a cursar los estudios de Magisterio. Con el propósito de no perder el resto del año académico, se matriculó de inmediato en el primer curso de Magisterio para los meses restantes de 1976. Este contratiempo, lejos de frenarlo, resultó de vital importancia para su madurez personal y su crecimiento intelectual, marcando su primer y definitivo contacto con los estudios superiores. La etapa universitaria en Salamanca: efervescencia cultural y vocación filosófica Tras esa provechosa primera toma de contacto con la educación superior, Manuel tomó la determinación de matricularse al curso siguiente en la carrera de Ciencias Empresariales en la Universidad de Sevilla. Sin embargo, el destino cambiaría radicalmente sus planes en el verano de 1976. Durante aquellas semanas, entabló amistad con Ramón Noya Munell, un joven un par de años mayor que él que acababa de cursar 4º de Pedagogía en Salamanca. Al quedarle a Ramón una asignatura pendiente para septiembre, le pidió a Manuel que lo acompañase a dicha ciudad castellana. Al llegar, el joven isleño quedó profundamente impresionado por la monumentalidad de Salamanca y por el vibrante ambiente universitario que se respiraba en sus calles. Ramón le presentó a sus compañeros de piso de estudiantes, un grupo de jóvenes excepcionalmente preparados y con profundas inquietudes intelectuales que se disponían a cursar 5º de Filosofía: el onubense nacido en Larache (Marruecos, 1952) José Antonio Antón Pacheco, el sevillano Eliacer Cansino (1954), el cartagenero Javier Rupérez y Pablo Rodríguez, natural de Sestao (Vizcaya). Envuelto en aquella fascinante vorágine de personas encantadoras y culturalmente cultivadas, Manuel tomó una decisión crucial: quedarse en Salamanca y estudiar Filosofía. A diferencia de sus compañeros de piso, que habían tenido que cursar los llamados "años comunes" de Filosofía y Letras en distintas universidades, Manuel pudo matricularse directamente en Filosofía Pura gracias a la implantación de un plan de estudios nuevo. El grupo lo acogió calurosamente como compañero de piso. La convivencia diaria con estudiantes del último año de carrera aceleró de forma extraordinaria su madurez intelectual y sirvió de estímulo idóneo para incentivar las inquietudes literarias y filosóficas del joven de Isla Cristina. Un acontecimiento memorable de aquel año 1976 fue la publicación del libro La lluvia perseguida, de su compañero José Antonio Antón. A través de él, Manuel conoció al reconocido poeta Jaime Siles (1951), entablando una enriquecedora amistad y una profunda admiración por sus poemarios. Obras como Génesis de la luz, Biografía sola, Canon y Alegoría influyeron de manera decisiva en su propia concepción de la poesía a lo largo de su etapa universitaria. Al curso académico siguiente, Manuel continuó compartiendo vivienda con estudiantes del último tramo de la carrera, forjando una estrecha amistad con Tino Muñoz y Modesto Izquierdo. Junto a ellos, dentro del colectivo de poesía Donde la Noche, Manuel publicó en 1978 sus dos primeros poemarios: Hitos cerrados y Ego Amoroso. Asimismo, comenzó a difundir sus poemas en prestigiosas revistas como Aljaba y Zurguén, y tuvo la oportunidad de conocer al poeta Aníbal Núñez (1944), con quien mantuvo una fructífera relación de amistad. En ese mismo e intenso año 1978, confluyeron hitos fundamentales en su vida: conoció a Genoveva Ereñaga Barreña (Durango, 1960) —también estudiante de Filosofía, con quien inició un noviazgo que culminaría en matrimonio en 1984— y aconteció un hecho crucial para su trayectoria intelectual. Tras la lectura casual de La experiencia interior de Georges Bataille, Manuel quedó completamente fascinado por su corpus filosófico y comenzó a estudiarlo minuciosamente. Ante la escasez de estudios sobre el autor en castellano, Manuel manejó la bibliografía directamente en francés, traduciendo los textos necesarios para el desarrollo de su investigación y utilizando como fuente de citación los nueve volúmenes que componían entonces las prestigiosas Œuvres complètes de la editorial Gallimard (con anterioridad a la posterior publicación del décimo volumen). Dado que la tesina era un requisito obligatorio para obtener la titulación, y con el fin de convalidar sus estudios realizados en la Universidad Pontificia de Salamanca, se presentó al preceptivo examen de grado mediante el cual obtuvo el título oficial de Licenciado de Grado. Posteriormente, realizó los cursos de doctorado de la época, orientando este esfuerzo investigador hacia su futura tesis doctoral. Como resultado de esta labor investigadora, en 1983 publicó el estudio Una aproximación al pensamiento de Georges Bataille, realizado bajo la dirección del Doctor Alfonso Pérez de Laborda. Como anécdota reseñable de su triunfo académico, al licenciarse, Manuel regresó al instituto de su pueblo para reencontrarse con aquel antiguo profesor de Química a quien le había hecho la promesa de no ir a la universidad: “Don José, soy licenciado”, le anunció. A lo que el docente militar respondió con un escueto y marcial: “Muy bien”. Trayectoria profesional, docencia y madurez intelectual En octubre de 1983, Manuel inició su andadura profesional como profesor de Filosofía en Bachillerato. En este arranque docente se produjo un notable paralelismo con su antiguo compañero de piso en Salamanca, Eliacer Cansino. Cansino ejercía como catedrático de Filosofía en el Instituto de Bachillerato Diego de Guzmán y Quesada de Huelva antes de solicitar su traslado a Sevilla. En el año 1984, el catedrático que sucedió a Cansino en la plaza cayó enfermo, y Manuel fue el encargado de sustituirlo durante seis meses, marcando así un singular y temprano relevo profesional entre ambos amigos. Tras este periodo, continuó un intenso ciclo de docencia por varios centros. Fue durante el tercer año de esta etapa cuando Manuel protagonizó un hito entrañable e histórico, regresó al instituto de su propio pueblo, el Padre J. Mirabent de Isla Cristina, convirtiéndose en el primer antiguo alumno de la institución que volvía a sus aulas convertido en profesor. En esta emotiva experiencia cosechó, además, un rotundo éxito académico, recibiendo a través del director del centro las felicitaciones expresas de la Inspección Educativa debido a las excelentes calificaciones obtenidas por sus alumnos en las pruebas de Selectividad. Posteriormente, obtuvo una plaza en expectativa de destino en el Instituto de Bachillerato La Orden de Huelva, de 1986 a 1990. En 1990, consiguió su plaza definitiva en el Instituto de Bachillerato Alonso Sánchez de Huelva, institución de la que asumió la dirección entre los años 1992 y 1995. Su labor pedagógica no se limitó al aula; durante estos años se implicó activamente en colectivos de renovación pedagógica, como el Grupo Prensa y Educación de Andalucía, publicando numerosas comunicaciones y artículos especializados en actas de congresos y simposios. En el año 2002, expandió sus horizontes internacionales al convertirse en miembro de la American Philosophical Practitioners Association (APPA), fundada por Lou Marinoff en el City College de Nueva York. Su vocación por la palabra escrita lo llevó a compaginar la enseñanza con una intensa labor periodística y de crónica local en la provincia. Además de sus colaboraciones habituales, en 1999 asumió una importante responsabilidad en los medios de comunicación al trabajar como redactor jefe de La Voz de Lepe, una labor que complementó ejerciendo también como corresponsal para la costa de Huelva Información. En 1997, la trayectoria de ambos compañeros volvió a converger de forma simétrica en el ámbito de los Institutos Provinciales de Educación Permanente (IPEP). Mientras Eliacer Cansino ejercía ya desde hacía años como jefe del departamento de Filosofía en el IPEP de Sevilla, Manuel asumió en ese año la jefatura del departamento de Filosofía del Instituto Provincial de Formación Permanente (IPEP) de Huelva. Desde el departamento de publicaciones de este centro, Manuel editó dos obras didácticas de gran relevancia para su alumnado: Nociones elementales de lógica (2004) y De Kant a Marx y Nietzsche (2006). En esta institución permaneció ejerciendo la docencia con vocación inquebrantable hasta su jubilación anticipada en 2012, motivada por las secuelas físicas tras someterse a cinco intervenciones quirúrgicas en la columna lumbar. Vida familiar y la resolución del laberinto administrativo La genealogía y los apellidos de Manuel guardan una historia de profunda resistencia e identidad familiar. Originalmente, debido a la rigidez y el empeño de un funcionario de la administración franquista —quien insistió en dotar a los extranjeros de una estructura de dos apellidos a la española—, su primer apellido fue registrado de forma anómala como de Jesús (proveniente del nombre de su padre portugués Américo) y el segundo como López. Debido a esta imposición administrativa, de su primer matrimonio con Genoveva Ereñaga nacieron sus dos hijas mayores, quienes heredaron legalmente los apellidos en el orden establecido por la pareja: Nerea Ereñaga de Jesús (Barakaldo, 1987) y Ainara Ereñaga de Jesús (Huelva, 1990). La pareja se divorció en 1994. Años más tarde, Manuel logró subsanar con éxito este conflicto en el Registro Civil, reordenando legalmente sus apellidos a Manuel de Jesús López Cabaco. Este paso supuso no solo una corrección administrativa, sino un acto de profunda justicia y memoria para restituir el apellido Cabaco y honrar formalmente el legado de su abuelo materno republicano, fusilado en 1936. Esta restitución adquirió un hondo significado generacional al consolidarse la proyección de sus hijas mayores en el ámbito intelectual, docente y de la investigación de vanguardia. Su hija Nerea Ereñaga de Jesús ha desarrollado una destacada carrera como Doctora en Derecho, investigadora y docente universitaria, vinculada al área de "Personas en Cooperación, Liderazgo y Ownership" de Mondragon Unibertsitatea; es autora de notables aportaciones monográficas y artículos en prestigiosas revistas sobre la conciliación corresponsable y el teletrabajo en la negociación colectiva. Por su parte, Ainara Ereñaga de Jesús ha fraguado una sólida trayectoria en el País Vasco como educadora, especialista de apoyo educativo en el sistema público y experta en pedagogía; su labor investigadora —vinculada a instituciones como la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) o la Ikastola Kurutziaga— se ha centrado en el desarrollo de los Proyectos de Innovación Educativa (PIE), el aprendizaje activo y el análisis lingüístico en la educación superior, contando con publicaciones científicas indexadas en revistas como El Guiniguada. Ambas hermanas continúan así, desde la excelencia académica, el firme legado intelectual de la estirpe Casi una década después de su divorcio, en 2003, Manuel inició una relación sentimental con Magdalena Ewa Kwasny (Tarnów, Polonia, 1976), con quien contrajo matrimonio en 2005. De esta unión —y ya bajo la filiación corregida de Manuel— nació su hija Laura Carmen López Kwasny (Huelva, 2004). Además, Manuel adoptó afectivamente al hijo de ella, Kamil Krzysztof Kwasny (Tarnów, 1996). Tras el posterior divorcio de la pareja en 2017, los hijos continuaron residiendo bajo el mismo techo junto a él. Al igual que sus hermanas mayores, los hijos menores de Manuel han encauzado sus pasos hacia disciplinas de gran valor técnico e intelectual: su hija Laura Carmen se encuentra cursando actualmente el último año de la carrera de Derecho en la Universidad de Jaén, consolidando la impronta jurídica de la familia, mientras que Kamil Krzysztof se ha establecido en Madrid, donde ejerce con éxito su profesión como oficial especializado en la rehabilitación de edificios históricos, un oficio de alta cualificación dedicado a la rigurosa salvaguarda del patrimonio arquitectónico. Publicaciones literarias, actividad actual y vida cotidiana Paralelamente a su vida familiar y docente, Manuel desarrolló una prolífica actividad como columnista y escritor. En 1992 comenzó a publicar artículos de opinión en el diario Huelva Información. En su suplemento cultural, Calidoscopio, vio la luz un valioso curso de pensamiento titulado Filosofía Iberoamericana, articulado a lo largo de cinco entregas temáticas: “Existencia o no existencia de una filosofía Iberoamericana”, “Autenticidad de la Filosofía Iberoamericana”, “El ser de América y el modo de ser americano como problema filosófico”, “Los valores en la Filosofía Iberoamericana” y “Filosofía y liberación en Iberoamérica”. En 1993, regaló al entorno literario una autoedición limitada de su poemario Cuerpo Enamorado. Su presencia en el entorno digital se consolidó a partir de marzo de 2013 como firma invitada fija en el prestigioso blog La tertulia de la Urraca, un espacio donde continúa vertiendo sus reflexiones en numerosos artículos de corte social y humanístico. En el año 2019 publicó su esperada novela Isla de Anacos, editada bajo el sello Universo de Letras del Grupo Editorial Planeta, una obra narrativa de largo recorrido que Manuel ya había dejado completamente concluida en el año 2000. En la actualidad, Manuel continúa plenamente volcado en su actividad creativa e intelectual. Se encuentra ultimando la redacción de dos nuevas novelas, un detallado diario de viajes y un volumen recopilatorio que reunirá sus mejores artículos de opinión. Al mismo tiempo, difunde activamente su pensamiento en el ciberespacio a través de la dirección y gestión de cuatro bitácoras en la plataforma WordPress: El blog de Manuel Cabaco, La mirada de Berenice de Manuel Cabaco, El punto de vista digital de Manuel Cabaco y Alas de Minerva de Manuel Cabaco. Esta intensa actividad intelectual convive con una arraigada y célebre rutina cotidiana. Desde hace una década, emulando la mítica y metódica puntualidad de Immanuel Kant, Manuel acude diariamente a las cinco de la tarde al Pub Michel de Islantilla. Allí comparte una animada tertulia y partidas de dados con un entrañable grupo de amigos, entre los que se encuentran Rafael Bayo (ingeniero tecnico industrial y empresario textil jubilado), Pedro del Valle (director de banca jubilado), Luis Sutil (profesor de informática jubilado) y Luis Domínguez (maestro jubilado), consolidando un espacio de desconexión, amistad y debate en su día a día. Afincado en Costa Esuri (Ayamonte), a escasos quince kilómetros de su Isla Cristina natal, Manuel de Jesús López Cabaco contempla hoy el mundo desde un territorio privilegiado donde convergen la desembocadura del río Guadiana y la inmensidad del océano Atlántico. En este paisaje fronterizo, su figura encarna la del humanista contemporáneo. Su trayectoria, marcada por la docencia inquebrantable, la agitación cultural de la Transición, la dignificación de su propia memoria familiar y una insaciable curiosidad filosófica, sigue escribiéndose día a día a través de la tinta digital y la madurez de una voz literaria indispensable en la crónica de la costa onubense.